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"Robots contra la desigualdad: La misión de Guillem Martínez para cerrar la nueva brecha digital".

Con solo 27 años, el catalán Guillem Martínez lidera la estrategia de robótica de la ONU. Su misión: evitar que la automatización se convierta en el nuevo muro…

"Robots contra la desigualdad: La misión de Guillem Martínez para cerrar la nueva brecha digital".

Con solo 27 años, el catalán Guillem Martínez lidera la estrategia de robótica de la ONU. Su misión: evitar que la automatización se convierta en el nuevo muro que divida al mundo.

En los pasillos del último Mobile World Congress, entre el zumbido de procesadores y el despliegue de brazos mecánicos, una figura destaca por su juventud y su claridad de ideas. Se trata de Guillem Martínez Roura, un gerundense que a los 14 años ya competía internacionalmente construyendo robots y que hoy, a los 27, es el responsable de IA y robótica en la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la agencia de la ONU que marca el paso de la tecnología global.

Su discurso huye de la ciencia ficción y se centra en una realidad urgente: la robótica está en un punto de inflexión similar al que vivió la IA hace cinco años. Sin embargo, este avance trae consigo una advertencia severa: "La brecha digital puede aumentar con la revolución robótica".

El fantasma de la desconexión

Para Martínez, el riesgo no es solo quién tiene el robot más avanzado, sino quién tiene el poder de crearlo. La historia reciente nos deja una cifra amarga: 2.600 millones de personas aún viven sin conexión a Internet. El temor de la ONU es que la robótica replique este error.

"Si el acceso a la infraestructura, la conectividad, el talento y los datos sigue concentrado en unos pocos países, la brecha aumentará", afirma Martínez. Su apuesta pasa por evitar el monopolio tecnológico y fomentar que cada nación desarrolle soluciones propias para sus retos específicos, en lugar de recibir tecnologías impuestas.

Entre el "Hype" y la utilidad real

Aunque los robots humanoides acaparan los flashes, Martínez es pragmático. Reconoce que son ideales para entornos diseñados para humanos —como el hogar o ciertas líneas logísticas—, pero advierte que el hype no debe nublar el objetivo: la tarea.

¿Robots domésticos? Ya existen, pero su autonomía es limitada. "Faltan datos", explica. Las máquinas necesitan aprender de la diversidad de los hogares reales antes de ser masivas.

¿Confianza o miedo? La clave para que un robot entre en nuestra casa no es su diseño, sino su seguridad. La UIT trabaja en estándares internacionales de ciberseguridad y usabilidad para que, en un futuro cercano, nos sintamos tan cómodos dejando a un robot cuidando de un familiar como hoy lo estamos con un robot cortacésped.

Un futuro tripartito

La fuerza de Martínez reside en el consenso. La UIT es el único organismo que sienta en la misma mesa a 194 Estados miembros, la industria y la academia. Aunque sus recomendaciones no son vinculantes, marcan el estándar ético y técnico que debería guiar el despliegue de estas máquinas.

La revolución robótica ya está aquí, y mientras algunos se preguntan qué tan rápido correrán los nuevos prototipos, Guillem Martínez se asegura de que, cuando lleguen a la meta, nadie se haya quedado atrás por falta de un cable o de una oportunidad.

Tres claves de la visión de Martínez:

Seguridad total: No habrá adopción masiva sin confianza en la privacidad y la ciberseguridad.

No a la imposición: Los países deben participar en la creación de tecnología, no solo ser consumidores.

Propósito concreto: El robot "multitarea" total sigue siendo un reto; la eficiencia actual reside en resolver problemas específicos.